La leyenda dice que vivió en el siglo III d.C. y su nombre era Offerus. Se dedicaba a ayudar a las personas a cruzar un río a cambio de unas monedas. Un día un niño le pidió pasarlo al otro lado. Lo cargó sobre su hombro apoyándose con un bastón y a cada paso que daba, el niño pesaba más y más. Al llegar al otro lado con mucho esfuerzo, Offerus preguntó al niño porqué pesaba tanto, le había parecido que llevaba al mundo sobre sus hombros. El Niño contestó que no solo había cargado al mundo entero, sino a aquél que lo creó.
El Niño lo bautizó como Cristo-offerus (Cristo-bal) “portador de Cristo”, que en griego es Khristóforos y en romano Christophorus.
Historia
Con los libros de historia en la mano y con el buscador de Internet, poco puede decirse de él. Sin embargo, sabemos que desde la Edad media (s. VIII) hasta el día de hoy, San Cristóbal es el santo de los viajeros de todo medio de transporte.
Offerus nació en Licia, Asia menor a principios del siglo III. Era robusto y muy alto, una especie de gigante con un aspecto terrible, nombrado también Relicto. Se dice que además era un hombre duro y tenaz.
Buscaba servir al rey más grande y más poderoso del mundo. Un día, mientras trabajaba para un rey muy poderoso quien era cristiano, un juglar cantó al rey una canción que mencionaba al diablo. Cada vez que el rey escuchaba el nombre del diablo hacía el signo de la cruz. Offerus se dio cuenta de esto y preguntó al rey porqué lo hacía. El rey contestó que hacía el signo de la cruz para rechazar al diablo, para evitar dañar su poder de rey. Offerus contestó, si Ud. tiene miedo del diablo es evidente que él es más grande y poderoso que Ud. Entonces se despidió del rey saliendo a la búsqueda del diablo mismo.
Mientras caminaba por el desierto encontró a un grupo de soldados. Preguntó al jefe, quien tenía un aspecto horrible, si él era el diablo para tenerlo como amo y señor. Offerus se alegró de servir a este nuevo Señor para siempre.
Sin embargo, un día en el camino encontraron una cruz y repentinamente el diablo asustado escapó. Al darse cuenta Offerus, preguntó la razón de su actitud y él le contestó que un hombre llamado Jesucristo había sido clavado en una cruz y que cada vez que él ve una cruz le da miedo y se va asustado. “Entonces Cristo es más grande y poderoso que tú” – contestó Offerus, quien decepcionado lo dejó para ir en busca de Cristo.
Después de una larga búsqueda y sin resultado alguno, Offerus encontró a un ermitaño cristiano quien le comentó que había un río peligroso donde se necesitaba un hombre como él, de gran estatura y fuerza, para ayudar a la gente a atravesarlo. Offerus aceptó ir y construyó su casa a la orilla del río, dedicándose a ésta labor a cambio de unas monedas.
Tiempo después, en un día de descanso, escuchó la voz de un niño que decía: “Ven afuera y pásame”. Offerus despertó de inmediato y no vio a nadie. De regreso a su casa, escuchó la misma voz, salió otra vez, y nadie. La tercera vez vio a un niño del otro lado del río. Saco su bastón y fue en su búsqueda para atravesarlo. Offerus colocó al niño sobre su hombro y comenzó a caminar. El niño pesaba cada vez más y más, con un peso intolerable. Offerus luchaba contra la corriente que se acrecentaba, soportando el gran peso y con angustia para cuidar al niño. Una vez del otro lado, preguntó porque pesaba tanto, a lo que el niño respondió:
“ No te preocupes Offerus, tú no tenías solamente el mundo sobre ti sino al que lo creó. Porque soy Cristo, tú rey a quien serviste”. Tomando un poco de agua del río, el niño bautizó a Offerus como Cristo-offerus (Cristo-bal) y para demostrar que su aparición era verdad dijo a él que enterrara su bastón cerca de tu casa y mañana vería. El niño desapareció! Cristóbal puso el bastón en tierra y al día siguiente cuando se despertó, el bastón había florecido.
Después de la aparición, Cristóbal se dedicó a predicar en Licia y Samos con éxito. Allí fue encarcelado por el rey Dagón, quien estaba bajo las órdenes del emperador Decio, perseguidor de cristianos. Resistió a los halagos de Dagón para que se retractara. Entonces Dagón le envió dos cortesanas, Niceta y Aquilina, para seducirlo, con la sorpresa de que fueron ganadas por Cristóbal y murieron mártires. Después de varios intentos de tortura, ordenó degollarlo. Murió mártir en el año 251.
En la Edad Media se acostumbraba colgar una imagen de él en la puerta sur de la iglesias para que todo aquel que pasara por ahí, con solo una mirada, estuviera protegido contra accidentes durante ese día. Ejemplos de ello pueden apreciarse en las catedrales de Toledo, España; Colonia, Alemania; y en los vitrales de la catedral de St. Maurice en Angers, Francia.
Es considerado santo patrón en algunas ciudades: Baden, Brunswick y Mecklenburg en Alemania; Roermond, Países Bajos; Toses en Cataluña, España; Agrinion, Grecia; Vilnius, Lituania; Rab, Croacia; la Isla de San Cristóbal (Saint Kitts) y la Habana, Cuba. Famosos artistas, pintores, escultores y poetas, han basado alguna de sus obras en la leyenda de San Cristóbal: Giovanni Bellini, Dieric Bouts, Alberto Durero, Jan Van Eyck, Joachim Patenier, Jusepe de Ribera, García Lorca, por nombrar algunos.
San Cristóbal es venerado tanto en Oriente como Occidente. La iglesia Católica Romana lo celebra el 25 de julio y la iglesia Ortodoxa el 9 de mayo.